La educación era otra historia. Fátima María Garcia Doval

Para cualquiera que desee especializarse en algo tan complejo como es la educación, el adanismo es un defecto del que hay que curarse. Y es que es fácil caer en el error de creer que no hubo nada de valor antes de lo que uno quiere aportar, de pensar que las actuaciones propias son pioneras y que nunca se habían visto antes. El libro La educación es otra historia de Fátima María García Doval es una buena vacuna para una enfermedad que es común.

Desde la instrucción directa del código escrito para alfabetizar a los primeros escribas hace varios miles años, pasando por las adaptaciones para alumnado con discapacidad visual y auditiva en el siglo XIX, es mucho lo que ya se ha hecho y que, al menos en mi caso, desconocemos. Dejo algunas ideas que me anoté y que me parecieron interesantes.



Suricatos

Cabe pensar que la educación es un acto puramente humano. Sin embargo, algunos animales, como los suricatos, muestran conductas, como mínimo, desconcertantes para los que tenemos poco conocimiento del mundo animal. Estos animales entregan a sus crías un escorpión al que se le ha arrancado el aguijón o que ha sido atontado a golpes. Así, las crías pueden practicar con él y aprender a cazarlo en situaciones donde no hay peligro ni posibilidad de muerte. Es lo que en inglés se denomina scaffolding o andamiaje: proporcionar a los aprendices situaciones de práctica con cierto apoyo para, progresivamente, retirar este apoyo sistemáticamente y permitirles alcanzar un aprendizaje más complejo.

La primera operación: hace 31.000 años

El libro muestra evidencias de que hace 31.000 años se practicaban amputaciones mediante cortes limpios, que tenían un conocimiento profundo de la anatomía humana y que permitían a los mutilados sanar. Son muestras muy antiguas de especialización técnica y de ayuda a aquellos que se encontraban en situación de vulnerabilidad. Sirven, como mínimo, para tomar conciencia de que el conocimiento que hoy hemos hechos explícito en los centros de enseñanza y en las universidades viene, en algunos casos, desde muy atrás.

Lectoescritura

Todo el proceso de representar el lenguaje hablado mediante símbolos que representan palabras, más tarde mediante símbolos que enlazan unidades más grandes como las sílabas, hasta, finalmente, llegar a la creación de los alfabetos modernos, es muy útil para entender cómo la enseñanza de la lectura que hoy en día conocemos supone un enorme avance técnico. De hecho, parece que enseñar las relaciones entre letras y sonidos a los niños, lejos de ser un problema, fue una innovación cultural que cambió el mundo y facilitó la transmisión del conocimiento.

Proyectos

Para aquellos que consideran el aprendizaje basado en proyectos como una innovación del siglo XXI, cabe recordar que, en el siglo XVI, aquellos que aspiraban a ser arquitectos ya presentaban proyectos durante su formación. Además, siguiendo a John Dewey y Kilpatrick, en las primeras décadas del siglo XX ya había discusiones sobre cómo usar los proyectos para el aprendizaje de contenidos en la enseñanza elemental. Existían, de hecho, diferentes propuestas, desde un aprendizaje por proyectos más guiado, como el de John Dewey, hasta uno basado en proyectos abiertos que partían puramente de los intereses de los niños.

Discapacidad

Para quienes nos dedicamos a la atención a la diversidad, es fácil caer en la tentación de pensar que esta tiene solo unas pocas décadas de vida. Sin embargo, esto no parece ser cierto. Ya en el siglo XIX existían innovaciones técnicas de enorme calidad e interés para educar a niños con discapacidad visual y auditiva.

Ortografía

Es difícil ser un purista de la ortografía cuando uno observa cómo, en nuestro país, ha habido luchas de poder relacionadas con quién fijaba la ortografía del castellano. También resulta complejo mantener una postura muy inflexible al conocer la opinión de figuras tan destacadas como Juan Ramón Jiménez o Gabriel García Márquez, quienes señalaban que el castellano necesita una simplificación ortográfica. Dejo para cerrar esta publicación una reflexión del escritor colombiano. Esta aparece en el libro y, para aquellos que hemos disfrutado tanto a Gabriel García Márquez, supone un gusto leerla:

Me atrevería a sugerir ante esta sabia audiencia que simplifiquemos la gramática antes de que la gramática termine por simplificarnos a nosotros. Humanicemos su leyes, aprendamos de las lenguas indígenas a las que tanto debemos lo mucho que tienen todavía para enseñarnos y enriquecernos, asimilemos pronto y bien los neologismos técnicos y científicos antes de que se nos infiltren sin digerir, negociemos de buen corazón con los gerundios bárbaros, los ques endémicos, el dequeísmo parasitario, y devolvamos al subjuntivo presente el esplendor de sus esdrújulas: váyamos en vez de vayamos, cántemos en vez de cantemos, o el armonioso muéramos en vez del siniestro muramos. Jubilemos la ortografía, terror del ser humano desde la cuna: enterremos las haches rupestres, firmemos un tratado de límites entre la ge y la jota, y pongamos más uso de razón en los acentos escritos, que al fin y al cabo nadie ha de leer lagrima donde diga lágrima ni confundirá revolver con revólver. Y, ¿qué de nuestra be de burro y de nuestra ve de vaca, que los abuelos españoles nos trajeron como si fueran dos y siempre sobra una?

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