La llamada. Leila Guerriero

 


A lo mejor hay quien tiene algo de melancolía a la hora de escribir, como hay quien tiene algo de tristeza en el habla o en la mirada. Leer a Leila Guerriero me ha dejado a menudo un gusto agridulce. Parece moverse bien entre el humor y el desconsuelo. También me resulta a ratos sensible y compasiva. Parece tener mucha habilidad para interpretar las intenciones menos visibles de las personas que construyen la obra. Personas a las que entrevista y desde cuyas experiencias ha edificado un trabajo de investigación en torno a los horrores de la dictadura argentina.

Leila Guerriero ensambla en ‘La llamada' (Anagrama) fragmentos de la vida de Silvia Labayru, una ex-militante de Montoneros. Durante la dictadura de Rafael Videla, con veinte años, Silvia fue secuestrada y trasladada a la ESMA (el mayor centro de detención ilegal de la dictadura argentina). Allí, además de ser torturada y violada, dio a luz —sobre la misma mesa de tortura— a su hija Vera. Tras su liberación, algunos de sus compañeros la repudiaron, acusándola de traidora. 

Pese a los horrores indiscutibles que ha tenido que sufrir como víctima, no es fácil que surja un verdadero cariño al personaje de Silvia, cuyo retrato es la razón de ser de la obra. Una mujer que viene una familia enormemente privilegiada, que no parece querer realmente a nadie y que deja un poso frío en su forma de interactuar con la entrevistadora.  En su forma de comportarse quizá influyen las injusticias vividas, los horrores padecidos, el repudio de sus amigos y conocidos, el tener que volver a rememorar el espanto vivido ante una extraña.

Lo mejor del libro es, para mí, la escritura de la autora, que ya me encanto en `Teoría de la gravedad'. Su honestidad en el mensaje, su gusto en la elección de las palabras y de las expresiones. Me parece sincera siempre y llega a lo bello a menudo. 

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