Monet. Christoph Heinrich
Mi única ambición es pintar la luz del sol sobre el objeto. Así resumía el propio Claude Monet su oficio de pintor y su obra artística. Christoph Heinrich es el autor de un libro publicado por Taschen que trata de explicar la obra del artista francés. Como buen impresionista, Monet sacrifica la realidad por captar los colores, la esencia y la luminosidad de una naturaleza siempre cambiante. Heinrich explica cómo las flores, los estanques o el mar le sirven de excusa para fijar la luz y captar la belleza.
La vida de Monet estuvo llena de miseria en sus primeros años. Heinrich indica que fue el precio que tuvo que pagar el francés por renunciar a los principios académicos clásicos y tratar de innovar estáticamente en un mundo cuyos cánones tenían una marcada rigidez.
Personalmente, he tenido la suerte de que la lectura de este libro coincidiera en el tiempo con la novela En busca de el tiempo perdido de Marcel Proust. Ambos parecen entender vida, en ocasiones al menos, como una especie interminable domingo. Para ellos es como si no hubiera nada más elevado en la existencia de un ser humano que el sencillo hecho de pasear y contemplar la belleza de los jardines, las flores, el mar y los estanques. En una época en la que el tiempo que requiere un paseo parece un privilegio, es una suerte dedicar tiempo a la lectura de un libro así.
De todos los cuadros de Monet a mí, personalmente, me gustan especialmente los pintados en los paisajes de Argenteuil en la década de 1870. Me gusta especialmente el cuadro Le pont d'Argenteuil, que combina muchos de los elementos que he mencionado arriba y que Heinrich describe en el libro de una forma muy superior a la que yo sería capaz de desarrollar aquí.


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