Un día en la vida de Abed Salama. Nathan Thrall


Un autobús escolar vuelca en la Cisjordania ocupada y arde durante media hora sin que nadie haga nada por evitarlo. Mueren en el accidente siete personas, seis de ellas niños. De esta tragedia real, que te retuerce de pena en ocasiones, nace el ensayo ‘Un día en la vida de Abed Salama’. Abed es un padre que busca desesperado a su hijo Milad, que acaba de cumplir cinco años y que ha desaparecido tras el accidente. El ensayo funde la investigación del accidente con la historia reciente y compleja de una Palestina ocupada.

La pregunta de por qué no llegaron antes los servicios sanitarios, tanto de los colonos (los israelís) como de los palestinos, surge varias veces durante el relato. La respuesta parece estar en la total negligencia con la que Israel ha tratado a los palestinos que viven en esas tierras. El autor explica en detalle los abusos, la arbitrariedad y las trabas burocráticas a las que estuvieron sometidos los palestinos antes del genocidio actual. Los niños fueron rescatados del autobús en llamas por parte de conductores particulares mientras que el ejército israelí bloqueaba las carreteras e impedía el paso a las ambulancias. Aquellos niños que, tras el accidente, fueron transportados en vehículos cuyo conductor tenía un ‘carné azul’ pudieron recibir ayuda de más calidad que aquellos rescatados por conductores que tenían un ‘carné verde’ (ciudadanos considerados de menos confianza por el estado israelí y que tiene prohibido el acceso a Jerusalén, donde se encuentran los mejores hospitales). 

La historia es kafkiana. La tragedia de los niños de cinco años calcinados en el autobús contrasta con los comentarios publicados por ciudadanos israelíes en las redes sociales. Muchos de ellos se alegran ante el accidente y lo celebran de forma pública. No es fácil comprender cómo puede una persona alegrarse de la muerte de un niño pequeño. El ensayo esboza, para aquellos que no somos expertos en el tema, el fanatismo y las injusticias cometidas en Palestina. 


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