Estaciones de regreso. Jacobo Bergareche
Que se muera tu hermano y usar ese dolor como combustible para diseccionar completamente tu vida. Hacerlo a veces con ternura, a veces con indiferencia, a veces con brutalidad, pero siempre de forma honesta. Esto es lo que hay en el libro de Bergareche, que realmente apenas habla del fallecido. Como todo lo que él escribe, tiene verdad y nostalgia. Está lleno de amor por las personas, los discos, los libros, los paisajes y los cuadros que han formado parte de él.
Hay un fragmento del libro que quise subrayar. Habla de la ausencia de identidad que él todavía encuentra en sí mismo, cuando ya ha pasado los 40 años de vida:
Publiqué un libro de poesía que no me hizo poeta, hice una exposición de fotografía que no me hizo fotógrafo, escribí cientos de guiones de series prescindibles que no me hicieron dramaturgo, publiqué los suficientes artículos como para comprobar que no era un filósofo y tampoco fui capaz de pintar lo suficiente como para ponerme a prueba como artista. Pienso que el adolescente que fui me miraría con cierta indulgencia y con el respeto que se le debe a un resistente, pero no sentiría por mí admiración alguna.
De todas las reseñas que he leído del libro, hay una de Jorge Drexler que me gusta. Creo que habla de cómo cómo el libro puede coger el dolor o el cariño de cada experiencia concreta y tratar de hacerla luego universal.
Cuando en el futuro Madrid sea una ciudad sumergida y un escafandrista buceando encuentre este libro en un pendrive oxidado, no leerá solo la biografía de mi amigo Jacobo Bergareche, sino la suya propia.

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